viernes, octubre 19, 2007

Los trenes que pasan



Tren que no cojes, tren que no vuelve a pasar. Polvo que no echas, polvo que ya no echarás. Y supongo que hay decenas de versiones distintas de tal alarde de sabiduría popular -masculina, añado-.
Es una de las máximas que han estado presentes en mis tablas de la ley personales que hacen de faro y guía de mi vida. Aunque estoy en momento de duda. Dudo de ese mandamiento.
No es que haya adoptado tal axioma por una razón dogmática o auto de fe. Realmente, me parece tremendamente descortés negarle un revolcón a aquella que me lo pide a gritos (metafóricamente, por supuesto), siendo que casi todas las personas tienen "algo" en lo que fijarte (o el clavo en que agarrarte, siendo decadente), algo de lo que disfrutar.

Pero últimamente se me hace cuesta arriba el después. Y no lo achaco a que me esté volviendo un capullo insensible, sino a que tiempo ha de la última vez que se conjugaron seducción física y seducción intelectual. Y ahora la indiferencia se me apodera en el umbral del nivel de exceso de caricia postcoital. Si, se que es algo universal en mi género, pero algo que me pasaba a veces, ahora me pasa muchas veces. Y no soy partidario de crear ficciones de afecto. Lo cual lleva a situaciones como esta:

- Estoy bastante cansado. Quisiera echar un sueño.
-¿prefieres estar durmiendo o estar conmigo?
-....

(mueca de situación)

-¿durmiendo?

Moraleja:

No hagas preguntas cuya respuesta no estas dispuesta a aceptar.


3 comentarios:

entrenomadas dijo...

Uyyyyy, menos lobos....

Subcomandante Cinta dijo...

Ummm... esto me suena... Parece que nos hemos leído el pensamiento...

Pedro Antuñano (enemicus) dijo...

Sencillamente eres superior¡¡¡ jajaja, qué risas me he echado leyéndote, jaja.