Para darle algo de alegría al blog, ahora que tengo un rato de asueto voy a colgar el primer relato de una serie galáctica que tengo pensada. Tema ciencia ficción. Pa demostrar que por aquí tenemos mas ganas e iniciativa que los capullos de Hollywood.
Como siempre, haciendo imposible que mi blog se defina por una temática concreta. Ahi va eso. Me perdonarán de antemano:
Danan y Dea
El reloj marcaba las 0:03:100 y Danan todavía no se había puesto el mono rojo. Dea le apremiaba, ya vestida, mientras se lavaba la cara y se hacía una coleta con su pelo oscuro. Tal vez hubiera mas impurezas de las habituales en el aire, pues Danan sentía muy espeso. Miró a Dea unos instantes, en el extremo derecho del cubículo habitacional que compartía con ella, a la luz mortecina del halógeno rectangular que iluminaba desde el techo aquel minúsculo hogar. Se incorporó y rápidamente se puso el mono con gestos mecánicos y precisos. Dea abrió la puerta, que se deslizó hacia arriba emitiendo un zumbido. Por su pasillo ya caminaba el resto de convecinos caminando hacia la calle.
Dea y Danan subieron al transporte junto a los demás en la calle-galería 17G. El transporte los llevó a través de las calles de la ciudad. Por el circuito interno del vehículo, la voz de adoctrinamiento como todas las mañanas cantaba loas a la superación personal y al trabajo eficiente. Entre el gentío, Rubas le reconoció.
-¡Danan, que vas sobao!
Danan saludó con la mano sin mucho entusiasmo. Rubas se acercó y le habló a Dea:
-No le des tanta caña a la hora del sueño, Dea, que luego Danan no nos rinde.
-Muy animado estás esta mañana, Rubas –Le respondió Dea sin ganas.
-Como para no estarlo. Ayer gané un montón de créditos en las apuestas ¿No visteis el combate de gladiadores de anoche?
-No –respondió al fin Danan- vimos el parte y a dormir.
Los combates de gladiadores era la actividad de ocio preferida en la colonia minera de Netrón-78. Se celebraban en la ciudad y era retransmitida por televisión tanto a la ciudad como a los puestos avanzados circundantes. Entre spots que prometían viajes y placeres lejanos, los espectadores veían destrozarse a un par de tipos o tipas. La otra opción era el canal de información, con sus partes de guerra diarios, donde podían verse de vez en cuando a los gloriosos marines corporativos combatiendo a las hordas alienígenas entre arenga y arenga a La Corporación. Danan había perdido el interés por todo ello, estaba hastiado y taciturno. Dea estaba preocupada por él. Estaba extraño y decía cosas aun mas extrañas. Dea le daba vueltas a lo que Danan le había dicho justo después de hacer el amor.
-¿Por qué tiene que ser así?
-¿A que te refieres?-le respondió ella.
-A todo. Media jornada a sacar trigonita de las minas y la otra mitad a dormir.
-Pues no se, así son las cosas ¿no?
-Pero para otros no son así.
-¿Para quién?
-Para los marines, por ejemplo.
-Pues si lo prefieres, hazte marine como mi primo Heglan. Y dedica media jornada o mas a combatir y la otra a dormir. Aunque no me gustaría que lo hicieras, desde luego.
-No solo ellos… los supervisores tienen una vida bastante mejor.
-Bueno, pues haz méritos, esfuerzate, supérate y quizás llegues a ser supervisor.
-Ya, ¿y el Gerente? Ese si que se pega una vida de puta madre, lejos de nuestro sector. No sabe como es una mina. No sale del sector Preferente.
-¿quieres ser Gerente?
-No quiero ser Gerente.
Dea salió de sus recuerdos cuando el transporte les dejó a la salida de última cúpula. De allí caminaron a los barracones, donde se equiparon con el casco, el chaleco y los guantes mecánicos que les permitían manejar grandes pesos sin esfuerzo. Allí se separaron con un beso y Danan se dirigió a su túnel, mientras veía a Dea alejarse por la trinchera sur. Dea estaba en el equipo de demoliciones, explosionando las paredes del asteroide, mientras que él sacaba la trigonita con el martillo de plasma en la fosa 2789. Las fosas median unos tres metros de altura y estaban excavadas sobre la superficie del asteroide; desde el espacio se verían como largos laberintos que se extendían varios kilómetros hasta el suroeste, donde terminaba el campo protector de hipotéticos bombardeos. Las minas de trigonita eran eficazmente defendidas por La Corporación; no en vano era uno de los minerales mas preciados de la galaxia por su utilidad en reactores de las naves espaciales. La colonia de Netrón-78 poseía a un campo de energía que soportaría un intenso bombardeo enemigo durante el tiempo calculado para que llegara la caballería.
El supervisor Porkun estaba al cargo de la fosa 2789 desde que el año pasado había ascendido por méritos desde el equipo de demoliciones. Por méritos o por chivato, según Dea. Era un tipo gordo con un bigote que siempre parecía sudoroso. Se paseaba por la fosa con un anotador en una mano y un cigarro en la otra mientras se aseguraba de que los mineros cumplían los objetivos de la jornada. En aquella época, se demandaba el doble de mineral que de costumbre y los supervisores estaban muy aleccionados al respecto. Normalmente Porkum se escaqueaba varios minutos a comer y beber, hecho que aprovechaban algunos mineros para descansar un rato; pero tanta era la presión que venía de arriba, que Porkum no desapareció para comer ni un solo momento y se esmeró en dar el coñazo especialmente aquella jornada. Fue digna de recuerdo la bronca que le echó a Rubas al encontrarlo sentado descansando.
-Porkum, joder, que el respiradero no funciona bien y me quedo sin aire. Me canso el doble.
En las fosas, los mineros estaban al aire libre, expuestos a la atmósfera del asteroide, que contenía algo de oxígeno, pero no el suficiente. Era necesario llevar un respiradero acoplado al casco.
-¿Tengo pinta de ser tu madre, imbécil? ¿a mi que me cuentas? ¡O cumples objetivos o me joden a mi! Y si me joden, tú estarás despedido al instante. Avisao estás.
Porkum se dirigió a otro lugar cuando vio que Rubas volvía al trabajo. A su lado, Danan y Jackson hacían como que perforaban.
-Gordo de mierda. Algún dia le caerá un trozo de roca en la cabeza “accidentalmente”. Te lo digo yo.
Jackson era un tipo de unos cuarenta años, robusto, de piel curtida bajo un sol que desde luego no era de Netrón-78. La cara con algunas cicatrices antiguas. Era minero de clase B. La clase B eran los mineros-reos; aquellos que como parte de alguna condena impuesta por un tribunal corporativo debían pasar sus dias extrayendo trigonita. Jackson era de los catalogados como peligrosos, aunque nadie sabía que delito había cometido. A esa pregunta, Jackson siempre contestaba lo mismo:
- Maté a unos cuantos gilipollas…
Finalizó la jornada. En el transporte de vuelta, Rubas no dijo una palabra. Estaba tan exhausto que se quedaba dormitando agarrado a la barra de sujeción. Pero Danan estaba mas preocupado por Dea, que parecía enferma. Decía que se había empezado a sentir mal a las pocas horas de comenzar el trabajo y cada vez se había ido sintiendo peor.
-Y no le has dicho nada a tu supervisor? –le dijo Danan.
-Si, y me ha dicho que ya sabía donde estaba la puerta. He seguido con el trabajo porque ya sabes lo que le pasó a Demora la del pasillo sur. Y yo necesito los créditos de cada día.
Demora se había quedado embarazada y cuando no pudo continuar trabajando, otra persona ocupó su lugar. Ahora vagaba por la zona roja de la ciudad tratando de conseguir créditos de cualquier manera, sola y con una niña. Tratando de sobrevivir.
Por la noche, Dea no mejoró. Danan llamó al médico de su zona y este acudió. Examinó a la muchacha y le diagnosticó un virus que con un buen tratamiento la curaría en unos días. Hasta ahí las buenas noticias. La mala noticia era que el tratamiento era lo suficientemente caro como para que Dea y Danan no tuvieran suficientes créditos para pagarlo. Por suerte el médico de la zona les dio los medicamentos sin cobrarles nada.
-Y yo nunca he estado aquí ¿de acuerdo? –dijo el médico antes de irse- Ah y Dea, mañana no deberías ir a la mina bajo ningún concepto.
Cuando estuvieron solos de nuevo, Dea y Danan discutieron a grito pelado ya que Dea insistía en ir al trabajo.
-¡Antes está tu salud que el maldito trabajo, Dea!
-¿para que quiero la salud sin trabajo? ¿Para alquilar mi cuerpo en la zona roja? No, iré a trabajar y ya se me pasará con los medicamentos dentro de un par de días.
Dea se quedó dormida poco después. Danan estaba furioso con ella. Se quedó viendo una vez mas las noticias que hablaban esta vez de la liberación de un asteroide lejos de allí, en Orión. Banderas, himnos, marines, Corporación y lo de siempre.
A la mañana siguiente, Danan se dio prisa y cogió el transporte que salía unos minutos antes del que solían coger. Una vez llegó a los barracones buscó al supervisor de Dea. Era un hombre bajo, delgado y altivo de nombre Nitsky. Danan lo conocía de oídas. Se decía que le gustaba que le trataran con mucho respeto, y que cuando los mineros se dirigieran a él, se descubrieran el casco, igual que hacían los subgerentes y demás altos directivos del sector Preferente. Danan se quitó el casco y le habló:
- Señor Nitsky. Soy el compañero de Dea. Vengo a pedirle que tenga a bien permitir que Dea, que está muy enferma, se recupere hoy en cama para que pueda rendir eficientemente a partir de mañana una vez esté curada.
Nitsky le miró por encima del hombro. Observó a Danan, miró su anotador y escribió algo. Al fin habló con tono indiferente,
-Así que se quedará en cama.
-Si Señor. El médico le ha dicho que debe guardar reposo.
Nitsky dio la espalda a Danan y habló por el comunicador acoplado al oido.
-Nitsky 3-11. Solicito nueva empleada para puesto a partir de hoy y el cese de la minera 4687.
Danan miró sorprendido al supervisor.
-¿pero es que va a echar a Dea?
-¿No dices que no va a venir a trabajar?
-Sí he venido –gritó Dea desde detrás de Danan.
Dea, con el casco bajo el brazo, se dirigió a Nitsky sumisamente.
-Señor Nitsky. Vengo a incorporarme al trabajo como todas las mañanas.
-Muy bien. Y por favor, no me hagais perder mas el tiempo.
Cuando Nitsky se alejó, Dea cogió por el brazo a Danan furiosa:
-¡Que te crées que estás haciendo? Hazme un favor: vete a tu maldita fosa y déjame a mi hacer mi vida ¿entiendes, capullo? ¡has estado a punto de hacer que me echen!
-¡Mírate Dea! Estás casi amarilla. Estás fatal. ¡no puedes trabajar! Tienes que…
-¡Deja de decirme lo que tengo que hacer!
La discusión acabó mal. Danan volvió a su fosa y Dea a sus demoliciones. Danan estaba tan enfadado que no cruzó palabra con nadie durante horas, rumiando la bronca con Dea. En ocasiones sacaba el pico y golpeaba con furia la roca. El pico era menos efectivo que el martillo de plasma pero liberaba mas tensión.
Pasaron unas horas cuando un gran temblor sacudió la fosa e hizo perder el equilibrio a los mineros. Un terremoto, decían unos. Una explosión, decían otros. Danan estaba conectando de nuevo su martillo de plasma cuando llegó un compañero lanzando gritos.
-¡Un accidente en la fosa 2900!
Danan arrojó el martillo y corrió. Conocía perfectamente la fosa 2900. Había estado allí hacía apenas unas horas.
Dea.
Danan fue seguido por Jackson, Rubas y un grupo de compañeros, pese a las ordenes lanzadas a gritos por Porkum que les conminaba a quedarse en su puesto. La fosa 2900 no estaba lejos.
Llegaron a la 2900 para ver el desastre. Una de las gigantescas pasarelas robotizadas desde las que los equipos de demolición abrían nuevos yacimientos se había desplomado y estaba destruida y semienterrada por las rocas. Los robots de rescate retiraban heridos y buscaban supervivientes. Había decenas de heridos desparramados en el suelo, agonizantes. Danan y sus compañeros se acercaron a uno de los que trabajaban en aquella fosa, que se estaba llevando las manos a la cabeza, conmocionado.
-¿Dónde está Dea? –le gritó Danan frenético.
El minero les habló sin mirarles.
-…De repente el extremo explotó y la cabina principal y todos sus ocupantes se volatilizaron. Después comenzaron a desprenderse las rocas… yo estaba hablando por radio con ellos…
-¡Dónde está Dea, maldita sea!
El minero le miró, a punto de llorar.
-Dea manipulaba el detonador… se encontraba mal... se desmayó…
Danan sintió un enorme vacío y desesperanza. Tembló. El minero acabó su frase:
-Dea estaba en la cabina principal.
Danan cayó de rodillas. Arrojó el casco. Dea. Volatilizada. Las últimas palabras que le dijo fueron de furia. Y ahora ni siquiera podría llorar sobre su cuerpo. Dea había desaparecido. Danan se quedó catatónico unos instantes. Rubas le puso la mano en el hombro sin saber que decir mientras Jackson dirigía a los compañeros a ayudar a los heridos.
En ese momento irrumpieron media docena de guardias armados con porras eléctricas. Enfundados en sus uniformes negros con chalecos protectores y cascos con una visera negra que les cubría el rostro hasta llegar a la boca. Comenzaron a dispersar a los mineros, propinándoles golpes y descargas para que volvieran al trabajo. Nitsky apareció lanzando órdenes.
-¡Todos a volver al trabajo! Los robots se ocuparan de los heridos! ¡Aquí no haceis nada!
Danan miró desencajado a Nitsky. Se levantó y fue hacia él. Nitsky le miró con desprecio. Danan se quedó inmóvil ante él. El supervisor le gritó.
- ¡Apártate!
Nitsky ni siquiera supo que fue un pico de minero lo que se clavó en el craneo. Fue un golpe demasiado rápido y certero. El siguiente golpe de Danan le reventó la cabeza. Los mineros quedaron boquiabiertos e inmóviles. No así uno de los guardias que desenfundó una pistola. Pero antes de que hiciera nada, Jackson lo cogió por detrás y lo lanzó al suelo, le rompió el cuello y le robó la pistola. El resto de guardias corrieron hacia Jackson pero fueron aplastados por los furiosos mineros. Danan mató al último guardia de un golpe de pico en la cara, rompiendo en pedazos la visera.
Tras eliminar a los guardias, la multitud de mineros rodeaba a Danan, mirándole expectantes. Nadie dijo nada en unos largos instantes. Jackson y Danan se miraron. Las alarmas no había sonado todavía.
¿Y ahora qué?